Hola, soy Virginia, creadora de Las Violetas Tejidos.
Hace un tiempo escribí una autoentrevista para contar cómo nació este sueño.
Hoy quiero compartirla con ustedes, pero de a poquito.
Detrás de cada manta, gorro, bufanda o chal hay una historia, muchos aprendizajes y, sobre todo, muchísimo amor por este oficio que me acompaña desde niña.
Si me acompañan en esta serie de publicaciones, van a conocer quién soy, cómo aprendí a tejer, quiénes fueron mis grandes maestras, los desafíos que atravesé y los sueños que todavía me quedan por cumplir.
Gracias por estar del otro lado y por valorar el trabajo artesanal.
Nos vemos en la Parte 2, donde les voy a contar cómo comenzó este sueño llamado Las Violetas Tejidos
Detrás de cada manta, gorro, bufanda o chal hay una historia, muchos aprendizajes y, sobre todo, muchísimo amor por este oficio que me acompaña desde niña.
Si me acompañan en esta serie de publicaciones, van a conocer quién soy, cómo aprendí a tejer, quiénes fueron mis grandes maestras, los desafíos que atravesé y los sueños que todavía me quedan por cumplir.
Nos vemos en la Parte 2, donde les voy a contar cómo comenzó este sueño llamado Las Violetas Tejidos
Así comenzó mi sueño:
Aprendí a tejer cuando era muy chica y, desde entonces, nunca dejé de hacerlo.
Al principio tejía para regalar a familiares y amigos. Un día llegó mi primer pedido y entendí que aquello que hacía con tanto amor también podía convertirse en mi trabajo.
Confieso que al comienzo me daba mucha vergüenza cobrar. Pensaba: "¿Cómo voy a cobrarle a alguien que quiero?" Pero, con el tiempo, fui aprendiendo a valorar las horas, la dedicación y el cariño que lleva cada tejido.
En esos años no existían las redes sociales. Todo era gracias al famoso boca a boca, que en los pueblos siempre fue una gran publicidad.
Más adelante, mis hijos me ayudaron a crear la página de Las Violetas Tejidos y comenzaron a llegar pedidos desde distintos lugares del país.
Hoy, después de tantos años, sigo sintiendo la misma emoción cada vez que empiezo un nuevo proyecto. Detrás de cada punto hay una historia, y estoy profundamente agradecida a mi esposo, a mis hijos y a cada persona que eligió confiar en mi trabajo.
La mujer que me enseñó a amar el tejido:
Mi primera gran maestra fue mi abuela materna. Junto a mi mamá, fue quien me enseñó que tejer es mucho más que entrelazar lana: es una forma de dar amor.
Todavía recuerdo las vacaciones en su casa. Pasábamos horas en su cocina, mientras el aroma de la comida llenaba el ambiente. Yo la ayudaba a hacer ovillos y escuchaba sus historias, soñando con el próximo tejido que iba a comenzar.
Mis primeras bufandas no eran perfectas. Tenían errores, puntos salteados y mucho por aprender. Pero nunca me faltó algo muy importante: la paciencia de quienes me enseñaban.
Hoy, cada vez que tomo dos agujas, siento que una parte de ella sigue acompañándome.
Mañana les voy a contar por qué las dos agujas ocupan un lugar tan especial en mi corazón.
Hoy quiero contarles por qué las dos agujas ocupan un lugar tan especial en mi corazón.
Aprendí esta técnica siendo muy chica, de la mano de mi abuela. Cada vez que tomo las agujas siento que vuelvo a esos momentos compartidos con ella.
Aunque también disfruto del crochet, las dos agujas son mi lugar de calma. Me encanta descubrir nuevos puntos, enfrentar desafíos y volver a empezar las veces que haga falta.
Porque sí... destejer también es parte del camino. Cada error enseña, cada puntada suma experiencia y cada proyecto terminado deja una enorme satisfacción.
¿Vos también tejés? ¿Quién te enseñó? Me encantaría leer tu historia en los comentarios.
Muchas veces me preguntan qué hace diferentes a mis tejidos.
La respuesta no está solamente en el diseño o en el punto elegido. Está en el tiempo, la dedicación y el amor que pongo en cada prenda.
Dos personas pueden tejer el mismo modelo, con la misma lana y las mismas agujas. Sin embargo, cada tejido tiene la esencia de quien lo crea.
Cada manta, bufanda, chal o gorro que sale de Las Violetas Tejidos lleva un pedacito de mi historia, de mi paciencia y de mis ganas de hacer las cosas bien.
No busco hacer muchas prendas. Busco que cada una sea especial para quien la recibe.
Gracias por acompañarme en este recorrido.
Hay muchas prendas que pasaron por mis agujas a lo largo de los años. Cada una tiene su historia, pero las que más emocionan mi corazón son las que tejo para mi familia.
En cada manta, gorro, bufanda o chal dejo un pedacito de mí. Me gusta pensar que, además de abrigo, llevan cariño, recuerdos y la ilusión de acompañar a quien los recibe.
Cuando un tejido viaja para abrazar a alguien que está lejos, siento que una parte de mi corazón también hace ese viaje.
Esa es la magia de lo artesanal: transformar un ovillo de lana en un abrazo que dura muchos años.
¿Hay alguna prenda tejida a mano que guardes con mucho cariño porque te la hizo alguien especial? Me encantaría leer tu historia.
¿Alguna vez tuvieron que empezar de nuevo después de un momento difícil? Los leo.
No todo fue fácil en este camino.
Hubo momentos en los que sentí que el esfuerzo no alcanzaba. La pandemia frenó las ventas, los pedidos desaparecieron y volver a empezar fue mucho más difícil de lo que imaginaba.
Pero nunca estuve sola.
Mi esposo y mis tres hijos fueron mi mayor sostén. Ellos estuvieron a mi lado cuando dudé, cuando quise bajar los brazos y cuando necesitaba volver a creer en este sueño.
Con el tiempo entendí que los desafíos también enseñan. Me hicieron más fuerte, más paciente y más agradecida por cada persona que elige valorar mi trabajo.
Hoy sigo tejiendo con la misma ilusión de siempre. Cada pedido que llega es una alegría y una nueva oportunidad para seguir creciendo.
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